Jesús de Miguel: cuando una acción de fútbol termina en tragedia

 


Un partido, una acción para evitar un gol y una vida que se apaga. La muerte del delantero del CD Tenerife abre un debate sobre los límites de la violencia en el fútbol.

El fútbol canario está de luto. Jesús de Miguel Alameda, delantero del Club Deportivo Tenerife, falleció este martes 3 de noviembre, a los 30 años, después de sufrir un fortísimo impacto durante el encuentro disputado el lunes frente al FC Andorra en el estadio Heliodoro Rodríguez López.

El jugador fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, donde permaneció ingresado en estado crítico. El club confirmó su fallecimiento a las 8:00 horas de esta mañana.

Una noticia que cuesta asimilar, especialmente cuando hablamos de un futbolista que estaba haciendo su trabajo y que salió al campo para disputar un partido de fútbol.

Una acción para evitar un gol que terminó de la peor manera

En los últimos minutos del encuentro, Jesús de Miguel avanzaba hacia la portería rival cuando el guardameta del FC Andorra, Jesús Owono, salió a su encuentro para disputar el balón e impedir que el delantero pudiera continuar su avance.

La acción terminó con un impacto violentísimo entre ambos jugadores. El portero fue expulsado con tarjeta roja directa y el encuentro, que iba 2-2, quedó suspendido para permitir la asistencia médica.

Las imágenes de la jugada han provocado numerosas reacciones.

Hay algo que conviene distinguir: una cosa es la intención de un portero de detener a un delantero para evitar un gol y otra muy diferente es tener intención de causarle un daño mortal.

No son lo mismo. Pero tampoco deberíamos utilizar el carácter competitivo del fútbol para restar importancia a una acción de una violencia extraordinaria.

¿Dónde están los límites del fútbol?

En el fútbol existen las entradas, los choques, las faltas y las acciones de contacto. Son parte del juego. Pero eso no significa que cualquier acción pueda justificarse por la necesidad de ganar o evitar un gol.

La competitividad no puede convertirse en una excusa para normalizar acciones peligrosas.

¿Cuántas veces hemos visto entradas durísimas, golpes y enfrentamientos sobre el terreno de juego que se justifican diciendo que son cosas del fútbol?

Quizá ha llegado el momento de reflexionar sobre esa cultura deportiva en la que, en ocasiones, parece que todo vale mientras se persiga un resultado.

No se trata de condenar a una persona antes de que se conozcan todas las circunstancias. Se trata de preguntarnos si estamos prestando suficiente atención a la peligrosidad de determinadas acciones.

La investigación debe esclarecer lo ocurrido

La Policía Nacional, a través de su Grupo de Homicidios, ha abierto una investigación sobre el fallecimiento. El caso se encuentra bajo supervisión judicial y la Fiscalía también está pendiente de las actuaciones.

Será necesario analizar las imágenes, el acta arbitral, los informes médicos y todas las circunstancias de la jugada.

No corresponde a la opinión pública dictar una sentencia, pero tampoco debemos renunciar a debatir sobre lo sucedido.

La justicia tendrá que determinar si existe alguna responsabilidad más allá del ámbito deportivo.

Una vida vale más que un resultado

Hoy no hay un marcador que importe. Tampoco hay rivalidades deportivas que tengan sentido.

Hay una familia que ha perdido a un ser querido, unos compañeros que han visto cómo un partido terminaba en una tragedia y una afición que hoy llora la muerte de uno de sus jugadores.

Jesús de Miguel tenía 30 años. Su vida no debería haberse apagado sobre un terreno de juego.

Desde aquí, nuestro pésame a su familia, amigos, compañeros y a toda la afición del CD Tenerife.

Descansa en paz, Jesús.


Y ahora, una reflexión para quienes nos leen

Creemos que en el fútbol se están normalizando demasiado las acciones violentas. Se debería revisar con mayor rigor la peligrosidad de determinadas entradas y choques, incluso cuando se producen durante una jugada de competición.

El debate está abierto, pero hay algo que no debería olvidarse nunca: ganar un partido jamás puede estar por encima de la integridad física de una persona.



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