Cada vez que ocurre una crisis sanitaria, política o social, aparece el mismo fenómeno: una parte de la población deja de creer en las explicaciones oficiales casi desde el primer momento.
Ha vuelto a ocurrir con el barco que se dirige hacia Canarias con personas contagiadas por Hantavirus. Antes incluso de conocerse todos los detalles, ya circulan dudas, sospechas y teorías alternativas. Y la pregunta importante quizá no sea si esas teorías son ciertas o falsas, sino otra mucho más incómoda:
¿Por qué tanta gente siente que ya no puede confiar plenamente?
La desconfianza no nace de la nada. Durante años hemos visto mensajes contradictorios, cambios de versión, decisiones políticas discutibles y una comunicación pública muchas veces improvisada. En situaciones de crisis, la sensación de transparencia desaparece rápidamente y el vacío lo ocupan el miedo y la especulación.
En Canarias, además, existe una memoria histórica muy concreta. Las islas siempre han dependido del mar. Por los puertos llegaron comercio, oportunidades… y también enfermedades. La idea de un barco con enfermos acercándose al archipiélago activa un miedo antiguo que forma parte del imaginario colectivo.
Eso no significa que toda versión oficial sea mentira ni que toda sospecha tenga razón. Pero sí explica algo importante: cuando las instituciones pierden credibilidad, la población empieza a buscar respuestas en cualquier otro lugar.
Y quizás ese sea el verdadero problema de fondo de nuestra época.
Vera Piedra, una voz libre desde La Palma

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