No falló un médico. Falló todo lo demás.

 


En 2026, en Gran Canaria, el médico Rigoberto F.M. es acusado de agredir sexualmente a sus pacientes. No a una. A muchas. Más de diez. Con antecedentes.

No debería haber estado ahí. Pero estaba.

Doce años antes, en Los Llanos de Aridane, Carlos García hizo exactamente lo mismo. Al menos quince víctimas. Mismo entorno. Mismo patrón. Y hay un dato que incomoda:

  • En Los Llanos, muchas víctimas locales no denunciaron. No porque no pasara. 
  • Sino porque no podían.
  • Porque enfrentarse a un médico no es solo enfrentarse a una persona. 
  • Es enfrentarse a su estatus, a su entorno, a todo lo que lo protege.

¿Quién rompió ese silencio? Mujeres extranjeras. Latinas. Las únicas que no estaban completamente atrapadas en ese sistema.

Sin ellas, Carlos García probablemente habría seguido ejerciendo. Y eso no es pasado. Es aviso.

Porque el patrón no cambia: consultas a puerta cerrada, exploraciones innecesarias, contacto físico disfrazado de medicina, dudas que paralizan a la víctima. Y mientras tanto, el sistema mira tarde. Muy tarde.

Rigoberto F.M. no es una anomalía. Es la consecuencia.


Vera Piedra, una voz libre desde La Palma

Comentarios