A
primera vista, la imagen parece un código QR.
Un fondo negro,
un cuadrado blanco, dividido en pequeños módulos oscuros.
Nuestro
gesto automático sería intentar escanearlo, buscar una explicación.
Pero este código no se abre.
No conduce a ningún sitio
externo.
La obra de Ulrich Rückriem no ofrece información
inmediata:
plantea un sistema cerrado, basado en una regla
matemática conocida como el “problema de las ocho damas”.
Existen
noventa y dos soluciones posibles, aunque aquí solo vemos dos
imágenes.
No están todas, pero están contenidas.
Como ocurre en esta isla, lo esencial no siempre se
muestra.
Gran parte de lo que somos permanece oculto bajo la
superficie:
la tierra, la memoria, las decisiones, las
cicatrices.
Este falso código QR no se lee con el móvil.
Se lee con
tiempo.
Con silencio.
No explica: sugiere.
No revela: contiene.
Y nos recuerda que no todo lo importante es visible,
ni
todo lo que existe necesita mostrarse para estar presente.
Vera Piedra, una voz libre desde La Palma

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