Hoy he estado en el Museo Insular de La Palma y, entre salas dedicadas a la historia y la memoria de la isla, me he encontrado con un nombre que no esperaba ver aquí: San Mao.
San Mao fue el seudónimo de Chen Ping, una escritora china —taiwanesa— que convirtió su vida en literatura. Escribía desde la experiencia, desde el viaje, desde el amor y desde la pérdida. Para muchas personas fue una autora de culto; para otras, una voz íntima que hablaba de libertad, de extranjería y de la necesidad de vivir de acuerdo con una misma.
Quizá por eso tiene tanto sentido encontrar su nombre aquí. Porque hay lugares que no solo se visitan, sino que dejan huella. Y hay personas que, aun viniendo de lejos, pasan a formar parte de la memoria emocional de un territorio.
Salir del museo después de leer sobre San Mao no es salir igual. Es hacerlo con la certeza de que algunas vidas, aunque marcadas por la pérdida, siguen hablando a través de lo que escribieron. Y de que escribir, a veces, es la única forma de no desaparecer del todo.
Vera Piedra, una voz libre desde La Palma
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