San Mao: escribir para no desaparecer

 


 Hoy he estado en el Museo Insular de La Palma y, entre salas dedicadas a la historia y la memoria de la isla, me he encontrado con un nombre que no esperaba ver aquí: San Mao.

San Mao fue el seudónimo de Chen Ping, una escritora china —taiwanesa— que convirtió su vida en literatura. Escribía desde la experiencia, desde el viaje, desde el amor y desde la pérdida. Para muchas personas fue una autora de culto; para otras, una voz íntima que hablaba de libertad, de extranjería y de la necesidad de vivir de acuerdo con una misma.

Su vínculo con La Palma no es literario, sino profundamente humano. Su marido, José María Quero y Ruiz, falleció en esta isla, y ese hecho marcó un antes y un después en la vida de la escritora. Tras su muerte, la escritura de San Mao se volvió más silenciosa, más doliente, como si el mundo se hubiese quedado sin un lugar al que llamar hogar.

San Mao es conocida sobre todo por "Historias del Sáhara", un libro que mezcla crónica, autobiografía y reflexión personal. En él, el desierto no aparece como un espacio exótico, sino como un lugar de vida cotidiana, de choque cultural, de soledad y de amor. El paisaje, en su literatura, no es solo un escenario, sino un reflejo del mundo interior.

Aunque La Palma no es un desierto, ambos espacios comparten algo esencial en la literatura de San Mao: la capacidad de convertirse en escenarios de introspección y transformación personal. No por lo que son físicamente, sino por lo que despiertan en quienes los habitan y los atraviesan en momentos decisivos de su vida.

Quizá por eso tiene tanto sentido encontrar su nombre aquí. Porque hay lugares que no solo se visitan, sino que dejan huella. Y hay personas que, aun viniendo de lejos, pasan a formar parte de la memoria emocional de un territorio.

Salir del museo después de leer sobre San Mao no es salir igual. Es hacerlo con la certeza de que algunas vidas, aunque marcadas por la pérdida, siguen hablando a través de lo que escribieron. Y de que escribir, a veces, es la única forma de no desaparecer del todo.


Vera Piedra, una voz libre desde La Palma

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