El Monumento a la Madre en Los Llanos de Aridane: un homenaje que trasciende generaciones

 



En pleno corazón de Los Llanos de Aridane, donde confluyen la Avenida Carlos Francisco Lorenzo Navarro y la Plaza de la Constitución, se alza una de las esculturas más queridas y reconocibles del municipio: el Monumento a la Madre. Su silueta, serena y poderosa, forma parte del paisaje cotidiano de quienes transitan por el centro de la ciudad.

La obra fue creada en 1995 y su construcción no fue fruto del azar: el proyecto fue impulsado por D. Fridolino Brito Pérez, entonces presidente del Club de Leones de Los Llanos de Aridane, quien promovió la idea de dedicar un monumento público a la figura de la madre. Su iniciativa encontró apoyo institucional y social, dando como resultado una obra que, con el tiempo, se convertiría en un símbolo profundamente arraigado en el municipio.

La escultura fue realizada por el escultor Manuel Pereda de Castro, artista muy vinculado a la isla de La Palma. Su estilo figurativo y emocional se refleja en esta pieza, que representa a una mujer erguida elevando a un niño por encima de su cabeza, en un gesto simbólico de entrega, orgullo y protección. La figura se sostiene sobre una base esférica, que refuerza la idea de equilibrio y de la maternidad como eje universal.

Con los años, el Monumento a la Madre dejó de ser solo una obra artística para convertirse en un lugar de homenaje. Cada año, con motivo del Día de la Madre, el Ayuntamiento realiza una ofrenda floral, un acto que reúne a familias, instituciones y vecinos. En estos homenajes se han incorporado también versos del propio Fridolino Brito, escritor y figura destacada de la vida cultural aridanense, cerrando un círculo simbólico entre su impulso inicial y su legado literario.

Más allá de los actos oficiales, el monumento forma parte del imaginario cotidiano de los aridanenses: es escenario de fotografías, punto de referencia urbano y una presencia entrañable en la vida de la ciudad. Representa algo sencillo y profundo a la vez: el vínculo entre madres e hijos, con toda su carga emocional y humana.

Aunque en ocasiones se ha mencionado una posible relación entre el Club de Leones y la masonería —una asociación que aparece en algunos estudios históricos sobre la presencia masónica en Canarias—, no existe evidencia de que este monumento incorpore simbología masónica ni que su creación respondiera a esa tradición. La obra sigue el lenguaje figurativo y humanista propio de Manuel Pereda de Castro, centrado en la expresividad y en la representación universal de la maternidad.

Hoy he querido dedicarle esta entrada porque, aunque muchas veces pasamos junto a él sin detenernos, merece una mirada más atenta. Además, gracias a un pequeño experimento tecnológico —y un toque de humor— he podido darle movimiento en el vídeo que acompaña esta publicación. Una forma diferente de redescubrir una obra que sigue inspirándonos casi tres décadas después de su creación.




Si aún no has visto el vídeo, te invito a hacerlo. Quizás descubras un detalle nuevo o simplemente disfrutes de esta obra que, de una manera u otra, forma parte de nuestra memoria colectiva.

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